TE ODIO, CELULITIS

Te odio, celulitis: ¿por qué existes?

Admito que desde agosto me había olvidado del tema. O mejor dicho, ya me había olvidado de expresar mis autocríticas en voz alta acerca de este tema.

Pero esta mañana, una amiga me confió algo que comparto: me hizo recordar la sensación de no estar del todo a gusto en bañador por tener algunos complejos con mi cuerpo.

Cuando me miro al espejo de frente y de perfil me veo tan mona. Pero… ¡cuando me doy la vuelta! ¡¡¡¡Dioooooooossss!!!! ¡¡¡la celulítis!!! ¡las estrías!!!

Yo soy de la generación que aborrece y esconde la celulitis, pero cuando veo las adolescentes de hoy, ¡creo que las admiro, porque la enseñan orgullosas!

 

Mi anécdota

Cuando un día me bajé del vagón del metro, el ¿aire acondicionado? (no sé de dónde provenía ese viento), me levantó la falda de golpe. Con mucha prisa la empujé hacia abajo con las manos, pero no por la vergüenza de que “me vieron las bragas”, sino con el aterrador pensamiento de “¡¡¡me vieron la celulitis!!!”.

Ni hablar de cuando quiero sentarme en la playa. Piernas tendidas o dobladas al estilo triángulo Pitagora, y si es en postura flor de loto, pareo encima (no sea que se vean los agujeritos de la piel de naranja).

Hago ejercicio a diario, como sano, me hice un tratamiento con esos rayos que no me acuerdo como se llaman (¿libiva?, ¿indiva?), me pongo cremas: ¡NADA!

Celulitis 3

Menos mal que está Maitena

 

Caminar hacia atrás

Bridget Jones decía que, después de estar con su novio, salía de la habitación caminando hacia atrás, como un cangrejo. O dando saltitos en punta de pié con las manos cruzadas tapando las nalgas. En fin, ridículo cuánto verdadero.

Sin embargo… no veo mujeres perfectas en la playa. Pero te aseguro que si estuviese repleta de ellas, seguramente me iría a visitar ciudades.

¿Y si aceptamos nuestros complejos, que no defectos?

Esto quiere decir que el problema me lo he creado yo porque no me gusta tener celulitis.

Yo misma me doy cuenta que algunas mujeres se hacen problemas por nada… ¿estaré yo también haciéndome problemas por nada, entonces? Seguro. Y eso es el bendito vicio de criticar lo malo y no celebrar lo bueno.

Prefiero que me veas como una mujer que también sabe qué es tener complejos, a una que no sabe lo que son, o peor, que no admite tenerlos para mantener cierta imagen de perfección y clase.

Más bien tendría que preguntarme/te para qué esa necesidad de verme/te PERFECTA. En las revistas solo se lee Combatir la celulitis, combatir la celulitis, ctrl+V, ctrl+V, ctrl+V…

¿Y si leyésemos más “Aceptar la celulitis, aceptar la celulitis, aceptar la celulitis” y hacemos que las raras son las que no la tienen?!? ¡Es una idea grandiosa! Pero… ¿me serviría realmente para estar yo más tranquila y quitarme el complejo?

¿Y si empezáramos a pensar que nos queremos mucho, complejos incluidos? ¿Es distinto decir “acepto mis defectos”, que “acepto mis complejos”? Puede ser que sí. A lo mejor, esa es la solución: empezar a quitarle valor a los complejos y no darles tanto bombo.

Si minimizáramos el impacto del complejo sobre nuestro ánimo, puede ser que nos olvidemos del objeto en discordia.

Di que sí mujer

 

No quiero decirte ni transmitirte el mensaje de que es importante que aceptes todo tu cuerpo. Me encantaría. Pero si yo soy la primera en admitir que hay algo que cambiaría, luego no puedo pretender de dar lecciones de aceptación.

Sin embargo, sí puedo garantizarte que yo te entiendo y te comprendo. Porque yo también paso por lo mismo.

Lo que sí me permito aconsejarte, es que tu complejo no condicione momentos de tu vida, porque quién está contigo quiere verte reír. Y tú quieres ser feliz.

¿Más consejos?

Un abrazo enorme,

Jessica Ingrid.

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